El amor arruina el sexo, no te dejes arruinar el sexo con amor

Déjame mirarte

Por: @jimecarba 

Vivimos en un piso 17 con Gabriel, mi novio desde hace ya dos años.  Nos conocimos en un viaje  a Bariloche, él  trabajaba en la recepción del Hostel donde paré por unos días.

Una noche nos quedamos charlando y me invitó a su casa que quedaba al lado del hostel. La charla no duró mas de 10 minutos. Todo lo demás fue sexo. Sexo violento. Sexo fuerte y otras clases de sexo  que no tienen nombre.

Fue un enganche puramente sexual hasta que un día me dijo de venirse a Buenos Aires para poder cogernos mucho. Y así fue que vino y terminamos cogiendo día y noche durante casi un mes.

Sólo me levantaba de la cama para ir a trabajar y volver rápidamente a casa para cogerlo. Un día le dije que tenía ganas de que me coja en el balcón. No se sorprendió. Simplemente me agarró muy fuerte del pelo y mientras me besaba desenfrenadamente me arrastro hasta ahí. En frente del departamento hay otra torre de edificios, inundada de balcones. A mi siempre me calentó la idea de que me miren mientras me cogen. Esa sería mi primera experiencia pero no la última.

Yo tenía puesto un vestido muy corto, de esos que se usan en verano. Era pleno febrero y el  calor húmedo hacía las noches insoportables. Me puso de espaldas, yo me agarré de la baranda mientras veía que en frente, una sombra se asomaba. Alguien tenía que estar mirando. Pero evidentemente no quería ser visto.

Gabi me levantó el vestido, me corrió la tanga diminuta y comenzó a meterme los dedos. Los movía en círculos, tocándome todo mi interior. Podía sentir como me mojaba, podía sentir como mis fluidos caían por mis piernas, por sus manos, y cada vez lo hacía mas fuerte, mas rápido, y al compás de sus movimientos yo gemía. Agarrada a la baranda creía desfallecer, pero quería mas. Y acabé una vez, y volví a acabar, y mientras lo hacía veía a esa sombra moverse, agitarse. Y yo trataba de buscar sus ojos, para dedicarle cada orgasmo que Gabi me regalaba.

Cuando creía que todo había terminado, mi chico se puso atrás mío, y pude sentir su pija muy parada. Estaba muy dura, muy grande. Y le supliqué que me penetrara. Le rogué que me cogiera. Y cuando finalmente lo tuve adentro mío encontré los ojos del vecino de enfrente que había sabido ser solo una sombra. Y le dedique el orgasmo mas caliente que alguna vez había tenido.

Se nos hizo costumbre… una vez por semana Gabi me llevaba al balcón para cogerme. Y yo solo pensaba en la persona que me estaba mirando y deseando a la distancia.

Intentaba saber quien era. Un día hasta me robe la liquidación de las expensas del edificio de enfrente, para ver si por el piso podía obtener un nombre, un apellido, algo! Pero no tuve suerte. Estaba a nombre de una mujer.  Pensaba que si tenía un nombre, podía buscarlo a través de las redes sociales. Pero no fue posible. Era la sombra invisible.

Una tarde siento que alguien pasa un papel por debajo de la puerta. Pensando que era el portero recién lo levanté a la hora.  Era un papel escrito a mano que decía lo siguiente: Muero por tenerte a 1 cm de distancia para que me mires a los ojos y ser yo a quien le pidas que te coja. Firma: TU VECINO.

Desde ese día no tuve paz. Necesitaba sentirlo adentro mío. Necesitaba besarlo desesperadamente, comerme su pija, tenerla adentro de mi boca, pasarle la lengua con desesperación. Era todo en lo que yo podía pensar.

No sabía como hacer para comunicarme con El. Tampoco le quería contar a Gabi lo que me estaba pasando. No lo iba a entender. Menos me animaba a tocarle el timbre. Sabía cuál era el piso. Pero me daba mucho miedo. Nunca le había visto la cara, solo su sombra, solo sus ojos en el medio de la oscuridad.

Hasta que tomé valor y escribí en un papel lo siguiente: Muero porque te metas adentro mío. Quiero tener tu pija en mi boca, saborearte indefinidamente, lamerte entero, deslizar mi lengua por todo tu tronco mientras vos te encargás de hacerme acabar con tus dedos. Solo con una condición: No quiero verte nunca la cara. No quiero saber nunca quien sos. Te propongo que vengas a mi casa a las 11am de mañana ya que mi novio no está, agarres la llave que voy a dejar en la alfombra de bienvenida que tengo en la puerta de mi departamento y que entres sin decir nada. Yo le aviso a Juan, el de la seguridad de mi departamento que te deje pasar.

Bajé con el papel en un sobre y le pedí al chico de seguridad de las torres de al lado, que se lo entregué al hombre del 16-C.

Al otro día Gabi se fue a trabajar a las 9am. Yo me desperté y me quité la remera con la que duermo. Agarré un pañuelo, lo enrosqué y me vendé los ojos. Estaba tirada en la cama y los nervios eran terribles. De repente escuché la puerta. El corazón se me detuvo y empecé a temblar. Lo primero que escuché fue una voz masculina diciéndome… “preparate porque te voy a coger hasta que me pidas basta”. Para cuando pronunció la última palabra yo ya estaba empapada.  El se acercó a la cama, me bajó la tanga suavemente y me abrió las piernas. Sentir su respiración tan cerca de mi pubis me hizo estremecer. No sabía si iba a soportar que me tocará sin antes tener su pija en mi boca. De repente se incorporó arriba mío haciéndome creer que me penetraría, pero lo que en realidad hizo fue sentarse sobre mi boca metiéndome su miembro duro, erecto y húmedo. Me estaba cogiendo los labios, la lengua, la garganta. Era enorme, firme y sabrosa. Le pedí que me tocará al mismo ritmo. Fuerte. Introdujo sus dedos y me cogía la concha al mismo tiempo que me cogía la boca. Me hizo acabar varias veces. Entonces salió de ahí, y mientras me apretaba fuertemente los pezones se dedico a chupármela, y luego insistió pero ya con sus dedos al mismo tiempo. Y volví a acabar, pero esta vez un chorro de un fluido casi líquido salió de mi cuerpo y bañó la cama. En ese momento me dio vuelta, me puso boca abajo y mientras seguía con sus dedos dentro mío me metió su pija inmensa en mi culo. Y me cogió durante una eternidad mientras yo seguía empapándolo con mis jugos, mientras seguía inundando las sábanas de placer. No recuerdo cuanto tiempo fue, solo se que en un momento le dije basta. Por favor, basta! No puedo mas, creo que me voy a desmayar. Entonces se acercó y comenzó a besarme apasionadamente mientras me decía las cosas mas calientes que jamás había escuchado, para finalmente despedirse sin quitarme la venda de mis ojos.

Nunca mas volví a coger en el balcón. Creo que no podría soportarlo.

 

 

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