El amor arruina el sexo, no te dejes arruinar el sexo con amor

Erotismo y madurez

Por: NADIA CONTRERAS

 

El botón abierto de la blusa y los senos a punto de abandonar el sostén y la tela traslúcida. Siento el vértigo y mis manos buscan apoyo.

El autobús arranca en la impertinencia de la velocidad. Me siento a unos cuantos metros de la mujer, pasa las manos bajo el cabello y lo acomoda sobre los hombros. Busco otro pensamiento, las páginas de una revista, la suciedad de las ventanas, el maquillaje en rostros adolescentes. La mujer me absorbe. La mujer madura pero perfecta para mis manos que desean sentir el temblor de sus pechos. Sus labios sonríen húmedos y yo siento en medio de mis piernas un fuego que jamás se apaga.

Y si meto la mano en su entrepierna ¿asentirá o me dará una bofetada y se irá corriendo como una loca? Mi prima lo hizo, sí, luego de llevarme a la habitación de fondo. Quiero escuchar tu respiración, dijo, cuando tengas la mano metida en mí. Luego, corrió como yegua desbocada. Yo también escuché aquella respiración y los gemiditos me sacudieron la piel.

La mujer, echa la cabeza hacia atrás y deja al descubierto la blancura del cuello, ¿me dirá qué hacer o me permitirá deambular por su cuerpo? He leído novelas que hablan de mujeres maduras, de su amor sin medida y la tibieza de la piel. La humedad ¿me convoca para acabar una vez más en la parte más profunda? La exploraría con delicadeza, con dulzura. La tarde se ha ido y las sombras caen, esta vez tan seguras, de sí mismas.

 

 

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