El amor arruina el sexo, no te dejes arruinar el sexo con amor

Un perfecto desconocido

Por @blogleerotica

Tan pronto como pude salí de mi oficina, había quedado con mis amigas y saldríamos a desfasar un poco, eso era lo habitual cuando nos juntábamos todas. Llegué a casa y me di una ducha refrescante, cuando salí de ella me paré un momento delante del espejo, hacia mucho que no me miraba detenidamente y a pesar de alguna cosilla me encontré estupenda para mi edad. Me puse una mini vaquera, las botas planas y una camiseta que marcaba bastante mi pecho, en fin un poco de guerra no viene mal, pensé.Habíamos quedado en un bar cerca de casa , así que me acicalé y para allí me dirigí. Cuando llegué ya habían llegado algunas, solíamos ser ocho o nueve, de distintintas edades aunque muy seguidas. comenzamos a tomar cervezas, una tras otra, no solíamos cambiar de bar, ese era perfecto para nosotras, pasaba de bar de tarde a bar de copas por la noche y encima servían comida, así que nos atrincherábamos allí normalmente. La cosa se fue calentando debido al alcohol que algunas llevábamos encima  y los temas de conversación cada vez eran más calentitos…

En la sala de al lado, cerca de la entrada de los servicios había un grupo de chicos que parecía estaban exactamente igual que nosotras en nivel de alcohol  y de risas jugando al billar, algunos ya habían “conectado” con algunas del grupo y la cosa fue subiendo de tono… Cuando ya dábamos por terminada la noche en el bar los dos grupos ya estaban completamente fusionados y decidimos ir a pasarlo bien a otro lado. Me dirigí al baño pues con todo lo que había bebido, mi vejiga ya estaba a reventar y en el pasillo de entrada me choqué con un chico moreno que inmediatamente trajo a mi mente imágenes y pensamientos bien sucios. Supongo que a él le debió de pasar lo mismo porque cuando salí del servicio ahí estaba esperándome, me agarró de la cintura al pasar por su lado y me atrajo para darme un beso muuuy sensual, suave, lento y a la vez apasionado. Yo por supuesto me dejé hacer, y eso fue tanto, que terminé en la sala de billar aprisionada entre la mesa y su cuerpo. Me cubría con sus brazos posando sus manos en mi abdomen buscando no se qué y besándome el cuello. No pude aguantar la tentación de devolverle todos los placeres que me estaba dando y me giré para ver su cara y sus labios a los que definitivamente no me pude resistir agarrándolo por su cuello y besándolo frenéticamente. Me levantó y me sentó en la mesa subiéndome a la vez la camiseta y el sujetador, dejando mi pecho totalmente al  aire al que inmediatamente su boca y su lengua se tiraron para chupar, lamer y succionar. Estaba como una gata en celo, por mi mente pasaban escenas que me hubiese gustado recrear en ese mismo instante pero mi mente no mandaba, sólo mi cuerpo y éste únicamente deseaba ser acariciado, lamido y penetrado. Mirándolo fijamente a los ojos me recosté sobre la mesa dándole permiso a dar rienda suelta a sus instintos aunque ya estaba visto que él no pretendía pedírmelo. subió mi falda a la cintura y se inclinó metiendo su cabeza entre mis piernas temblorosas. Después de un buen rato, se puso en pié quitándose el cinturón lo más rápido que pudo, y bajándose los pantalones sin hablar, sin mirar, agarrando su poya para penetrarme y en ese mismo instante, en esa décima de segundo me miró como si fuera su presa.

Su respiración agitada, sus gemidos, y los míos también, fueron a más en cuanto me  penetró. Fue algo irracional, animal, salvaje, e inusual, pero nunca nadie me había hecho sentir así de deseada, ni desear tanto a alguien. Nunca supe más de ese hombre, pero siempre que tengo la mente sucia pienso en él, en  ese día y mi tanga se humedece al instante.

Por favor si estás leyendo esto llama…

Fuente: www.blogleerotica.blogspot.com

 

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